Mons. Bittschi: Dios bendiga nuestra Patria
6 de agosto de 2021, celebramos en Bolivia el día de la PATRIA, y en toda la Iglesia Católica la FIESTA de la TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR y proclamamos el Evangelio según San Marcos 9, 1 – 9. Gloria a ti, Señor. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
¡ESTE ES MI HIJO, EL ELEGIDO! ¡ESCÚCHENLO!
Queridos hermanos les presento el sermón antiguo: El misterio que hoy celebramos, manifestó Jesús a sus discípulos en el Monte Tabor. Después de haberles hablado, mientras iba con ellos, acerca del Reino de Dios y de su segunda venida gloriosa, tomando en cuenta que quizá no estaban muy convencidos de lo que les había anunciado y deseando infundir en sus corazones una firmísima e íntima convicción, de modo que por lo presente creyeran en lo futuro, realizó ante sus ojos aquella admirable manifestación, en el Monte Tabor, como una imagen pre figurativa del Reino de los Cielos. Era como si les dijese: “El tiempo que ha de transcurrir antes de que se realicen mis predicciones no ha de ser motivo de que su fe se debilite, y por esto, ahora mismo, en el tiempo presente, les aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán, sin haber visto al Hijo del hombre presentarse con la gloria de su Padre.”
Y el Evangelista, para mostrar que el poder de Cristo estaba en armonía con su voluntad, añade: Seis días después, Jesús tomo consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a una montaña alta, y se transfiguró en su presencia; su rosto se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se aparecieron Moisés y Elías, los representantes y testigos del Antiguo Testamento conversando con él.
Éstas son las maravillas de la presente solemnidad, éste es el misterio, saludable para nosotros, que ahora se ha cumplido en la montaña, ya que ahora nos reúne la muerte y, al mismo tiempo, la festividad de Cristo. Por esto, para que podamos penetrar, junto con los elegidos entre los discípulos inspirados por Dios, el sentido profundo de estos inefables y sagrados misterios, escuchemos la voz divina y sagrada que nos llama con insistencia desde lo alto, desde la cumbre del cerro.
Debemos apresurarnos a ir hacia allí – así me atrevo a decirlo—como Jesús, que allí en el cielo es nuestro guía y precursor, con quien brillaremos con nuestra mirada espiritualizada, renovados en cierta manera en los trazos de nuestra alma, hechos conformes a su imagen, y, como él, transfigurados continuamente y hechos partícipes de la naturaleza divina, y dispuestos para los dones celestiales.
Corramos hacia allí, animosos y alegres, y penetremos en la intimidad de la nube, a imitación de Moisés y Elías, o de Santiago y Juan. Seamos como Pedro, arrebatado por la visión y aparición divina, transfigurado por aquella hermosa transfiguración, desasido del mundo, abstraído de la tierra; despojémonos de lo carnal, dejemos lo creado y volvámonos al Creador, al que Pedro, fuera de sí, dijo: Señor, que bien estaría quedarnos aquí.
Ciertamente, Pedro, en verdad que estaría quedarnos aquí con Jesús, y permanecer aquí para siempre. ¿Hay algo más dichoso, más elevado, más importante que estar con Dios, ser hechos conformes con él, vivir en la luz? Cada uno de nosotros, por el hecho de tener a Dios en sí y de ser transfigurado en su imagen divina, tiene derecho a exclamar con alegría: Que bien estaría quedarnos aquí, donde todo es resplandeciente, donde está el gozo, la felicidad y la alegría, donde el corazón disfruta de absoluta tranquilidad, serenidad y dulzura, donde vemos a (Cristo) Dios, donde él, junto con el Padre, pone su morada y dice, al entrar: Hoy ha venido la salud a esta casa, donde con Cristo se hallan acumulados los tesoros de los bienes eternos, donde hallamos reproducidas, como en un espejo, las imágenes de las realidades futuras”.
Hoy felicito a todos los que nacieron en Bolivia y los que hemos optado con corazón vivir aquí. Dios bendiga nuestra Patria, nos transforme en hermanos y verdaderos servidores de todos. ¡Que viva Bolivia!
Este mes de agosto invita el Papa orar por la Iglesia, que reciba del Espíritu Santo la gracia y la fuerza para reformarse a luz del Evangelio. Nos unimos al pedido del Papa rezando el SANTO ROSARIO, incluyendo los afectados por el covid-19 y sus familias y para los que lloran la muerte de una persona amada. Oremos: “Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios. No desoigas la oración de tus hijos necesitados. Líbranos de todo peligro, oh siempre Virgen gloriosa y bendita”. El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición de Dios: del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias.

