Mons. Adolfo Bittschi: «Jesús se nos da como pan de vida, por la fe, en diversas formas»
8 de agosto de 2021, Domingo 19 B durante el año litúrgico, proclamamos el Evangelio según San Juan 6, 41 – 51. Gloria a ti, Señor.
YO SOY EL PAN VIVO QUE HA BAJADO DEL CIELO
Queridos hermanos, Jesús se nos da como pan de vida por la fe en diversas formas: en su Palabra, en la Biblia, en la oración, en los sacramentales, en los sacramentos, sobre todo en la Eucaristía. Las lecturas de este domingo, especialmente el Evangelio, nos explican la importancia y el inmenso valor de la Santa Eucaristía. La fe y la Eucaristía rehacen nuestras fuerzas constantemente en el camino hacia Dios, lo mismo que el pan que el Señor envió por medio de su ángel al profeta Elías para caminar cuarenta días y noches hasta la montaña santa, como relata la primera lectura. San Pablo nos pide en la epístola que practiquemos las virtudes humanas. Puesto que llevamos en nosotros la señal del Espíritu, hemos de imitar a Dios y vivir en el amor. No hay nadie que sea tan hombre como un cristiano que vive en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. El Evangelio de hoy nos trae las críticas y murmuraciones de los judíos a Jesús después de haberles dado de comer con cinco panes bendecidos y repartidos entre miles.
La causa era que Jesús les había dicho: “YO SOY el pan BAJADO DEL CIELO”. Llama la atención que los judíos no se escandalizan en su palabra “YO SOY”, título que corresponde solamente a DIOS en todo el Antiguo Testamento. En realidad Jesús se auto proclama aquí por primera vez, de otras tantas en el Evangelio según San Juan, ser Dios igual que el Padre. Decían: “¿No es éste Jesús el hijo de José? ¿Acaso no conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo? Se escandalizaron porque no tenían fe, mucho menos la confianza en Jesús que viene de la fe, a pesar de sus Palabras con poder, de las sanaciones, de la multiplicación de los panes y de su traslado de un lado del mar de Galilea sin barquito. Por su falta de fe en Jesús comenzaron a indagaron de dónde viene y quiénes son sus padres. Y guiados por sus razonamientos humanos concluyeron que no puede ser del cielo.
Jesús responde a las críticas con tres revelaciones. Uno: el maná, en tiempos de Moisés, ya era dado DESDE EL CIELO. Dos: el que dio el maná desde el cielo no era Moisés sino Dios Padre como anuncio del verdadero pan del cielo, Jesucristo. Mucho más ahora, cuando el VERDADERO PAN DEL CIELO no es algo terreno como el maná, sino el HIJO ÚNICO DEL PADRE enviado desde lo Alto del Cielo y ENTREGADO A LOS HOMBRES POR EL PADRE misericordioso. Tres: El VERDADERO PAN enviado desde el cielo por el Padre Eterno es dado a los hombres terrenos para poder ser resucitados en el último día y recibir como don gratuito la VIDA ETERNA.
Jesús sigue aclarando estas tres verdades reveladas, preparado por Moisés con el maná y por el profeta Elías que recibió un pan con una fuerza para caminar cuarenta días y noches para llegar a la montaña de Dios y el encuentro personal con el Señor. (Lo que es también nuestra meta). No solo que Jesús ha venido del Cielo, sino Él en persona es el verdadero pan: “YO SOY EL PAN QUE BAJÓ DEL CIELO”. El pan como alimento principal es a la vez símbolo de todo alimento. Alimentar es fundamental para poder vivir y crecer. La alimentación tiene su ley natural. El más fuerte come lo inferior y lo transforma por el metabolismo en crecimiento y fuerza. Las plantas se alimentan del agua y de las minerales. El buey y las ovejas comen las plantas. El hombre come los animales. Y cuando el hombre recibe en la Santa Comunión el Cuerpo de Cristo sigue vigente la ley natural. El más fuerte, que es Cristo Dios, transforma al inferior, que somos nosotros sus creaturas, por un proceso espiritual en sí mismo. Por eso San Agustín decía: En la comunión recibes el Cuerpo de Cristo para que te transforme en el Cuerpo de Cristo. El Santo quiere decir que al comulgar, Cristo nos transforma cada vez más en parte de su Cuerpo místico de lo que Él es la cabeza y el Espíritu Santo el alma.
Hoy, por ser domingo no se puede celebrar pero recordar a Santo Domingo Guzmán, fundador de la Orden de los Predicadores, O. P. Nació en Caleruega, Castilla, por el año 1170. Su madre ha sido declarada Beata. Recibió el orden sacerdotal; con su predicación y su vida ejemplar combatió con éxito la herejía albigense. Durante una hambruna vendió todos sus libros. Sabía estar horas delante el Santísimo Sacramento; celebraba diariamente el Sacrificio de la Santa Misa; amaba a la Virgen María y meditaba el Santo Rosario. Con los compañeros que se adhirieron fundó la Orden de los Predicadores o Dominicos el año 1215. Murió en Bolonia el 6 de agosto del año 1221. A los trece años fue canonizado.
Este mes de agosto invita el Papa orar para que, recemos por la Iglesia, para que reciba del Espíritu Santo la gracia y la fuerza para reformarse a luz del Evangelio. Nos unimos al pedido del Papa Francisco regalando a la Madre cada día un ramo de rosas al rezar en todas nuestras intenciones el SANTO ROSARIO, especialmente por los afectados por el covid-19 y sus familias y para los que lloran la muerte de una persona amada. Oremos al final: “Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios. No desoigas la oración de tus hijos necesitados. Líbranos de todo peligro, oh siempre Virgen gloriosa y bendita”. El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición de Dios: del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias.

