Revista Bolivia MisioneraFormaciónNoticias MisionerasRevista Bolviia Misionera N°28

Sinodalidad y misión, realidades constitutivas de la Iglesia

Por: María Beatriz Castro Mojica

Colaboradora Pastoral – Sección Misiones CEB

Caminar Misionero – Revista Bolivia Misionera N°28

“El camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio”. Así inicia el documento La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia, de la Comisión Teológica Internacional, que pone las bases para el camino sinodal que nuestra Iglesia ha emprendido desde octubre de 2021.

Este camino está marcado por tres grandes temas: comunión, participación y misión. En anteriores números de esta revista se abordaron los dos primeros: la comunión como expresión de una Iglesia sinodal y la participación como praxis eclesial que expresa sinodalidad; en este número se plantea cómo la sinodalidad nos remite a la realidad constitutiva de la Iglesia que se orienta a la misión.

Desde octubre de 2021 el Pueblo de Dios ha dado pasos significativos rumbo a la Primera Sesión de la Asamblea Sinodal que se realizará del 4 al 29 de octubre 2023. La primera fase, de la escucha, dio como resultado el Documento de trabajo para la Etapa Continental (DEC) que una vez restituido a las Iglesias locales fue base para las Asambleas continentales, éstas se centraron en las intuiciones y tensiones que resuenan con más fuerza en la experiencia de la Iglesia de cada continente e identificaron las prioridades que deben abordarse desde cada continente.

Con todo el material que se recogió en la fase de escucha y los Documentos finales de las Asambleas continentales se elaboró el Instrumentum Laboris (IL) cuyo objetivo es impulsar el proceso y encarnarlo en la vida ordinaria de la Iglesia, identificando las líneas sobre las que el Espíritu invita a caminar con mayor decisión como Pueblo de Dios para dar cumplimiento a la misión que el Señor confió a la Iglesia.

En el camino recorrido se identificaron las diversas realidades que vive el Pueblo de Dios, que a pesar de todas las sombras no deja de tener sed de la Buena Nueva del Evangelio; “lo que está en juego es la capacidad de anunciar el Evangelio caminando junto a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, allí donde se encuentren, y la práctica de la catolicidad vivida caminando junto a las Iglesias que viven en condiciones de particular sufrimiento” (IL 5).

Las tres dimensiones del proceso sinodal: comunión, participación y misión se abordan desde los primeros pasos, tomando en cuenta que están profundamente relacionadas, son pilares vitales de la Iglesia sinodal, sin jerarquía entre ellas y más bien cada una enriquece y orienta a las otras dos. Entre los frutos de la primera fase del Sínodo está la identificación de estas tres prioridades que son propuestas para el discernimiento de la Asamblea sinodal de octubre 2023 subrayando que se articulan, alimentan y apoyan mutuamente.

En la segunda fase se cambia el orden de las prioridades: comunión, misión y participación. Misión ahora ocupa el lugar central debido a la conciencia, madurada en la primera fase, de los vínculos que las unen. Comunión y misión se entrelazan y reflejan mutuamente, las relaciones dentro la comunidad eclesial son la condición de credibilidad del anuncio evangélico; al mismo tiempo crece la conciencia de que la orientación a la misión es el único criterio evangélicamente fundado para la organización interna de la comunidad cristiana, la distribución de funciones y tareas y la gestión de sus instituciones y estructuras.

La Iglesia es misionera y sinodal por naturaleza. La misión constituye el horizonte dinámico desde el que se debe pensar la Iglesia sinodal, impulsándola a salir de sí misma para buscar el bien de los demás, hasta dar la vida. La misión permite que el Pueblo de Dios reviva la experiencia de Pentecostés: después de recibir el Espíritu Santo, Pedro se levanta y toma la palabra para anunciar a Jesús muerto y resucitado.

La misión consiste en construir una comunidad en la que las relaciones sean transparencia del amor de Dios expresada en la relación entre los hermanos y así, la vida misma se convierta en anuncio. Como en las primeras comunidades, que a la par de escuchar la enseñanza de los Apóstoles, partir el pan y orar juntos, vivían en comunidad y atendían las necesidades de cada uno; “todo el mundo los estimaba” (cf. Hch 2,17) y “se les iba agregando un número creciente de creyentes en el Señor” (Hch 5,14).

La misión requiere que cada miembro de la comunidad cristiana ponga su originalidad en común, en virtud de su relación con Cristo en el Bautismo y de su ser habitado por el Espíritu. El aporte de cada bautizado es precioso e indispensable para la misión, a la vez, es fundamental reconocer que para llevar adelante la misión todos son necesarios. La misión tiene una dimensión constitutivamente sinodal.

“Una Iglesia sinodal misionera tiene el deber de preguntarse cómo puede reconocer y valorar la aportación que cada bautizado puede ofrecer a la misión, saliendo de sí mismo y participando junto con otros en algo más grande” (IL 54).

Si deseas leer más artículos de la Revista Bolivia Misionera ingresa a  Revista digital N°28

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *