Evangelio del día: «Como el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida»
13 de marzo de 2024, miércoles de la 4ª semana de cuaresma proclamamos el Evangelio según San Juan 5, 17 – 30. Gloria a ti, Señor. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
COMO EL PADRE RESUCITA A LOS MUERTOS Y LES DA VIDA, ASÍ TAMBIÉN EL HIJO DA VIDA
Queridos hermanos en Cristo: Paz a ustedes.
El Evangelio de hoy continúa con el de ayer, la sanación del paralítico, que no pidió sanación, ni Jesús le preguntó acerca de la fe que no tuvo, y tampoco agradeció al Señor sino que lo delató a las dirigentes judías. Sin embargo, Jesús lo levanta, y lo hace caminar al instante. Esta curación prefigura la resurrección y la unidad profunda entre Jesús y Dios Padre.
Hoy escuchamos la explicación de Jesús: “Mi Padre trabaja siempre y yo también trabajo”. Con este testimonio Jesús confirma ser Dios en unión con el Padre. Los fariseos entienden bien estas palabras pero no las creen, ni el signo de la sanación inexplicable. Más bien por “sanar en día sábado” las autoridades judías reaccionan de manera perversa, a quien da la vida lo buscan para matarlo. La razón de su incredulidad es su fe en un Dios solitario y unipersonal y su equivocada concepción del sábado. No quieren y por eso no pueden cambiar su esquema mental. Jesús insiste demostrando su unidad perfecta con su Padre: “El Hijo no hace nada por su cuenta… hace lo que ve hacer al Padre;… el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que Él hace… el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que Él quiere” (vv.20-21). Jesús cumplirá esta Palabra con la resurrección de Lázaro.
Hoy recordamos a San Leandro de Sevilla, Obispo, nacido el año 534 de una notable familia hispanorromana por su padre y visigoda por su madre. Fue hermano de San Isidoro el que consiguió que se convirtieran al catolicismo las tribus visigodas que invadieron España, y que su rey, Recaredo I, se convirtiera en fervoroso creyente. Fue al cielo el 13 de marzo del año 596.
Pidamos entonces al Espíritu Santo la confianza en Dios Padre, en Jesucristo y en su poder de la Resurrección después de la muerte y la luz y la humildad para reconocer nuestros pecados y la gracia de nuestra conversión, de todos los pecadores, y de Rusia como pidió la Virgen en Lourdes y Fátima. El Papa, con su ejemplo, nos invita a recibir el Sacramento de la Confesión y así saborear la infinita Misericordia de Dios y nos pide orar en este mes por los nuevos Mártires, para quienes en diversas partes del mundo arriesgan su vida por el Evangelio logren contagiar su valentía y su impulso misionero.
Oremos por los afectados de la guerra en Ucrania, Gaza y donde hay conflictos sangrientos; por la paz y la libertad religiosa en todo el mundo; por Bolivia pedimos justicia y democracia. Oremos para que acabe el feminicidio más grande, el aborto; los avasallamientos y toda clase de violencia y corrupción; las enfermedades corporales y espirituales, y todo mal.
Damos gracias a Dios por las lluvias recibidas y pedimos que se aplaquen donde causaron estragos, que se acompañe a las familias damnificadas y que llueva solamente donde hay sequía.
El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo…
Mons. Adolfo Bittschi
Obispo Auxiliar de Sucre
Director de OMP Bolivia

