Evangelio del día: “Traicionar a Cristo significa traicionarse a sí mismo”
26 de marzo de 2024, MARTES SANTO proclamamos el Evangelio según San Juan 13, 21-33.36-38. Gloria a ti, Señor. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
UNO DE USTEDES ME VA A ENTREGAR
Queridos hermanos en Cristo: Paz a ustedes.
En el Evangelio, Jesús anuncia la traición de Judas y la negación de Pedro. Al salir el traidor, era de noche. Es la hora de las tinieblas, pero también aquella en que el Padre glorificará a su Hijo. Para Jesús la Gloria de la Resurrección es inseparable de la Muerte en Cruz.
Es uno de los momentos más difíciles y, a la vez, de los más importantes en la vida de Jesús: la Última Cena con sus Apóstoles, el inicio de su Pasión. Se discute mucho sobre la traición de Judas. La traición no es un patrimonio de Judas; lo es también de todos nosotros. Traicionar a Cristo significa traicionarse a sí mismo, y, al final, Judas se quita la vida. ¡Qué Dios no permita que traicionemos a ningún hermano! Sin embargo, traicionamos a Cristo con cada uno de nuestros pecados. Perdónanos, Señor, ayúdanos y danos la capacidad de serte fieles hasta la muerte.
Los judíos habían intentado arrestar a Jesús varias veces cuando enseñaba en el Templo, pero siempre se les escapaba. Aún no había llegado su hora; en cambio, ahora que llegó el momento previsto se deja tomar preso. ¿Por qué Jesús eligió este camino? Él quiso, en su pasión, vivir todo lo que los hombres sufren cuando son rechazados, burlados, incomprendidos, odiados y perseguidos. Ser abandonado y traicionado por quien está cerca, causa un dolor inmenso. Jesús quería vivir incluso esto para nuestra santificación, quería atravesar en persona la situación que puede llevar a los hombres hasta la desesperación.
Hoy recordamos a San Cástulo, un celoso cristiano que era camarero del emperador, se ofreció a arreglar todo lo necesario para que se tuvieran servicios religiosos en el mismo palacio del emperador. Fue traicionado, atormentado y arrojado a un foso cubierto con arena.
Pidamos entonces al Espíritu Santo para que todo el mundo pueda reconocer a Jesús como Dios verdadero y verdadero hombre, el único Salvador que entregó su vida para el perdón de los pecados. Para salvarse hay que confiar en Dios y su Divina Misericordia, recordar y reconocer los pecados, arrepentirse, pedir perdón y perdonar para ser perdonados, no juzgar para no ser juzgados. Pidamos la gracia de nuestra CONVERSIÓN, la de todos los pecadores y de Rusia, tal como pidió Nuestra Madre, la Virgen María, en sus apariciones en Lourdes y Fátima. El Papa, con su ejemplo, nos invita a recibir el Sacramento de la Confesión y así saborear la infinita Misericordia de Dios y nos pide orar en este mes por los nuevos Mártires, para quienes en diversas partes del mundo arriesgan su vida por el Evangelio logren contagiar su valentía y su impulso misionero.
Oremos por los afectados de la guerra en Ucrania, Gaza y donde hay conflictos sangrientos; por la paz y la libertad religiosa en todo el mundo; por Bolivia pedimos justicia y democracia. Oremos para que acabe el feminicidio más grande, el aborto; los avasallamientos y toda clase de violencia y corrupción; las enfermedades corporales y espirituales, y todo mal.
El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias.
Mons. Adolfo Bittschi
Obispo Auxiliar de Sucre
Director Nacional de OMP Bolivia

