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Tomás respondió: “¡SEÑOR MÍO Y DIOS MÍO!

7 de abril 2024, SEGUNDO DOMINGO de PASCUA, DOMINGO de la DIVINA MISERICORDIA, proclamamos el Evangelio según San Juan 20, 19 – 31. Gloria a ti, Señor. Tomás respondió: “¡SEÑOR MÍO Y DIOS MÍO!” Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Queridos hermanos en Cristo: FELIZ PASCUA. EL SEÑOR HA RESUCITADO. ALELUYA. ALELUYA.- VERDADERAMENTE HA RESUCITADO. ALELUYA. ALELUYA.

Se dice: “Todo tiene remedio menos la muerte”. El hombre está buscando el remedio contra la muerte que nos asusta tanto porque corta todos los lazos de amor y amistad en esta vida. Sin embargo, para nosotros, los cristianos, se cumple el Bautismo que nos hace entrar a la vida con y en Dios. En Cristo Muerto y Resucitado Dios nos regaló el remedio contra la muerte. “¡Muerte!, ¿dónde está tu victoria? ¡Muerte!, ¿dónde está tu aguijón?” (1ªCorintios 15,55). San Agustín escribió: Cristo “murió, pero dio muerte a la muerte… ¿Dónde está la muerte? Búscala en Cristo; ya no existe, existió pero murió. ¡Oh VIDA, muerte de la muerte! Tengan buen ánimo, que morirá también en nosotros”.

Pasamos a las lecturas de este Domingo. La 1ª lectura nos muestra la consecuencia de la Resurrección de Cristo para la vida de los primeros cristianos en Jerusalén. Este sumario sobre LA VIDA DE LA COMUNIDAD CRISTIANA desarrolla el valor evangélico de la COMUNIÓN. Todos en la comunidad compartían sus bienes, de modo que ninguno de entre los discípulos padecía necesidad. Así se cumple lo que anunciaba el Antiguo Testamento para la época en que Israel viviría en perfecta fidelidad a Dios (Deuteronomio 15,4-5). Para ser discípulo de Jesús es necesario renunciar a todo lo que se tiene compartiéndolo con los hermanos necesitados.

La 2ª lectura de la 1ª Juan 5, 1-6 dice: “Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios”. Aquel tiempo había una secta que negaba la divinidad de Jesús. El que cree que Jesús es el Hijo de Dios y que cumple los mandamientos, ha nacido de Dios y vence al mundo.
El Evangelio nos ubica a los ocho días después de la resurrección y la aparición en el primer día de la semana, día después del sábado. Por eso el primer día de la semana recibió el nombre de “DIES DOMINI” (latín). De ahí se dice en castellano “DOMINGO”. Para nosotros, los cristianos, el DOMINGO es el INICIO de algo completamente nuevo que sobrepasa hasta la muerte por la Resurrección de Jesucristo. Para preparar nuestro futuro más allá con Dios participamos en la celebración de la Eucaristía.

San Juan presenta a los discípulos lleno de miedo a los judíos. Ellos temen que el odio que dominaba en el juicio delante de Pilato y en la Crucifixión podía no solo llevar al Señor sino también a ellos a la muerte. Por eso están a puertas cerradas. En ese momento aparece Jesús. El Resucitado ofrece la PAZ como primer don de la nueva vida (vv.19.21). Es el mismo Jesús que convivió con ellos y que murió en la Cruz. Les muestra las llagas de sus manos y el costado. Recién “los discípulos se alegraron de ver al Señor” (v.20).

El segundo don es el ESPÍRITU SANTO que estuvo siempre presente en el Señor durante su ministerio y que le dio la fuerza de aguantar la pasión y muerte para “hacer todo nuevo” (Apocalipsis 21,5). El Espíritu Santo es quién les hará entender las enseñanzas de Jesús y les dará la fuerza de anunciar el Evangelio de la Nueva Vida en Cristo y así continuar con la misión de Jesús. Por eso Cristo comunica su poder de perdonar los pecados a los Apóstoles soplando sobre ellos y entregándoles el “ESPÍRITU SANTO”: “A quienes ustedes perdonen los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengan les quedan retenidos” (v.23). Espero que ustedes hayan podido encontrar un confesor en la Cuaresma.

Este Domingo de la Octava podríamos nombrar domingo del APÓSTOL SANTO TOMÁS. San Juan nos presenta a Tomás incrédulo que recién cree después de haber visto y palpado las Llagas de Jesús Resucitado. La duda de Tomás es un testimonio que muestra cuánto le costó a Cristo convencer a sus Apóstoles a creer en la RESURRECCIÓN. Su incredulidad, la que Jesús les echó en cara, es un argumento para la autenticidad de la Resurrección. Con Tomás incrédulo pueden identificarse todos los que dudan. Ojalá lleguen, después de haber despejado sus dudas, a la misma fe como Santo Tomás y puedan creer y decir como el Apóstol: ¡SEÑOR MÍO Y DIOS MÍO!

El Papa San Juan Pablo II nombró de este domingo “DOMINGO de la DIVINA MISERICORDIA” según las apariciones y visiones de Jesús a Sor Faustina Kowalska. Cristo le prometió que su Divina Misericordia triunfará en el juicio y decía a sor Faustina: “Las almas mueren a pesar de mi amarga Pasión. Les ofrezco la última tabla de salvación, la fiesta de mi Misericordia. Si no adoran mi Misericordia, morirán para siempre” (Diario de Sor Faustina, nro. 965).

Pidamos al Espíritu Santo que nos ilumine poder reconocer a Cristo muerto y RESUCITADO en la Eucaristía y en el hermano necesitado y que seamos testigos de Jesús practicando las obras de misericordia. Pidamos también por nuestra conversión y la de todos los pecadores.

Hoy recordamos a San Juan Bautista de la Salle. Nació en Francia el año 1651. Ordenado Sacerdote, se dedicó principalmente a la educación de los niños, fundando escuelas para los pobres. Reunió en una Congregación a los compañeros que se le habían adherido, obra por la que tuvo que sufrir muchas tribulaciones. Fue a la Casa del Padre el año 1719.

Pidamos al Espíritu Santo que seamos testigos de Jesús y de su RESURRECCIÓN gloriosa. Con el Papa rezamos este mes para que la dignidad y la riqueza de las mujeres sean reconocidas en todas las culturas, y para que cese la discriminación que sufren en diversas partes del mundo. Pidamos la CONVERSIÓN de todos los pecadores y de Rusia, como pidió Nuestra Madre, la Virgen María, en sus apariciones. El Papa, con su ejemplo, nos invita a confesar para saborear la infinita Misericordia de Dios y conseguir las indulgencias. Oremos por los afectados de la guerra en Ucrania, Gaza y donde hay conflictos sangrientos; por la paz y la libertad religiosa en todo el mundo; por Bolivia pedimos justicia y democracia. Oremos para que acabe el feminicidio más grande, el aborto; los avasallamientos y toda clase de violencia y corrupción; las enfermedades corporales y espirituales, y todo mal. El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias.

Mons. Adolfo Bittschi

Obispo Auxiliar de Sucre

Director Nacional de OMP Bolivia

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