Evangelio del día

EL QUE QUIERA SER IMPORTANTE QUE SE HAGA SERVIDOR

Jueves 25 de julio de 2024, Fiesta de SANTIAGO Apóstol, proclamamos el Evangelio según San Mateo 20, 20 – 28. Gloria a ti, Señor. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

EL QUE QUIERA SER IMPORTANTE QUE SE HAGA SERVIDOR


Queridos hermanos en Cristo: Paz a ustedes.

La petición de puestos de honor por Santiago y Juan hecha aquí por su madre, está en contraste total con las palabras de Jesús en los versículos anteriores con las que el Señor anunció por tercera vez su Pasión, la entrega voluntaria de su vida por salvarnos. Jesús deja en claro que la asignación de honores en el Reino de los cielos compete a Dios Padre. Además enfatiza el servicio como la verdadera grandeza de la comunidad de los creyentes según su ejemplo: “El Hijo del hombre no vino a ser servido, sino a servir y dar su vida para rescatar a todos”.
Hoy celebramos la fiesta de SANTIAGO, Apóstol. Los Apóstoles son los testigos fehacientes que en persona han escuchado la prédica y visto los hechos y milagros de Jesús hasta su Muerte en Cruz y su Resurrección, y lo han proclamado hasta el fin del mundo. Si bien se habían escapado cuando tomaron preso a Jesús, pero luego con la fuerza del Espíritu Santo han dado testimonio del Evangelio con su vida hasta el martirio. Entre los primeros llamados por Jesús, que además formaban parte del círculo íntimo con San Pedro era Santiago y su hermano menor San Juan. Santiago ha sido el Apóstol muy venerado por los pueblos en Europa desde la Edad Media. La gente ha peregrinado y siguen caminando por decenas de miles con fervor hasta su tumba en Santiago de Compostela. Santiago Mayor se le dice para distinguirle del Apóstol Santiago Menor, pariente cercano del Señor. Cuando el Rabí de Nazaret se le acercó a su barca y le dio la orden decisiva: “Sígueme”. Santiago no dudó y lo siguió. Durante tres años acompañó al Señor junto con su hermano Juan y su madre Salomé.

Los dos hermanos junto con Pedro fueron elegidos por Jesús para ir a la casa de Jairo y así presenciar y luego testificar la resurrección de su hija que había muerto. Santiago amaba al Señor de tal manera, que deseaba que cayera fuego del cielo sobre unos samaritanos que no quisieron recibirlo; pero su amor aún no estaba iluminado. Era de carácter iracundo, pero de buen corazón y sin falsedad. Jesús llamó a él y a su hermano “hijos de trueno”. Ellos eran, junto con Pedro, escogidos para presenciar la Transfiguración del Señor en la montaña alta del Tabor, vieron la Gloria de Cristo, a Moisés y Elías, y escucharon la voz del Padre: “Este es mi Hijo, el Amado, escúchenlo”. Esto era para conocer la Divinidad del Señor, la que es nuestra meta al final de nuestro caminar en la tierra. Sin embargo, en la subida a Jerusalén estaban dominados por el egoísmo y el afán de ocupar los primeros puestos en el esperado gobierno del Mesías Jesús.

Después de la Última Cena, en el Huerto de los Olivos, Jesús escogió nuevamente a Pedro, Santiago y Juan para que lo acompañasen en su agonía y sean los testigos de su sufrimiento tremendo, y puedan conocer a Jesús en su verdadera humanidad, en su angustia sudando sangre como habían conocido su Gloria en el Tabor. El Señor les pedía acompañarlo en esta su Pasión con la oración, pero les venció el sueño. Durmieron profundamente en vez de vigilar con Cristo. La debilidad humana era más fuerte que su buena intención en aquella noche. El Viernes Santo le venció el miedo a Santiago como a los demás Apóstoles, mientras Juan, su hermano menor, aguantaba debajo de la Cruz del Señor. En Pentecostés, con la venida del Espíritu Santo cambió todo. Iluminado por la luz del Espíritu Santo comprendió que la Gloria del Señor se realiza justo en la Cruz y en la participación de su sufrimiento para poner el contrapeso a tanta maldad que reina en el mundo.

Cuando el Señor subió al cielo y envió a sus Apóstoles a anunciar el Evangelio de la Resurrección hasta el fin del mundo, según una antigua tradición, Santiago le tomó la palabra y fue evangelizando hasta “FINIS TERRAE” el último rincón del mundo viejo, es decir el extremo oeste de España. Desde allá caminaba hacia oriente y llegó, con muy poco éxito, hasta Zaragoza, donde le apareció en una columna, la Virgen María para consolarlo y animarlo. Vuelto a Judea, el odio de los judíos contra Santiago es la prueba de que él, con el ímpetu ferviente del Espíritu Santo, haya predicado a Cristo. En las fiestas de Pascua del año 44, Herodes Agripa lo mandó arrestar para dar contento a los judíos y lo hizo decapitar sin juicio alguno. Así se cumplió la palabra del Señor “mi cáliz beberán”. Santiago fue el primero de los Apóstoles en compartir la Muerte de su Señor. Santiago nos enseña a escuchar el llamado del Señor en medio de nuestro trabajo y seguirlo en medio de todas las dificultades y sufrimientos hasta la muerte. Así terminará también nuestra peregrinación en la gloria, donde nos encontremos con él y con su amado Maestro Jesús.

El mes de julio está dedicado a la PRECIOSÍSIMA SANGRE de CRISTO. Esta devoción es un llamado a la SANTIDAD y una fuerte protección contra satanás y todo mal.

Meditemos los misterios de nuestra fe en el Santo Rosario pidiendo la conversión de nosotros, de todos los pecadores y la de Rusia; oremos por Ucrania y donde hay guerra; que acaben las enfermedades corporales y espirituales, y todo mal. En este mes el Papa Francisco nos invita a orar por el cuidado pastoral de los enfermos.

El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! La Bendición de Dios, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo les acompañe a ustedes y a sus familias hoy y siempre.

Mons. Adolfo Bittschi

Obispo Auxiliar de Sucre

Director Nacional de OMP Bolivia

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