Dios bendiga nuestra Patria y nos transforme como a los Apóstoles en hombres nuevos, hermanos y verdaderos servidores de todos. ¡Que viva Bolivia!
6 de agosto de 2024, celebramos en Bolivia el día de la PATRIA, y en toda la Iglesia Católica la FIESTA de la TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR y proclamamos el Evangelio según San Marcos 9, 1 – 13. Gloria a ti, Señor. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
¡ESTE ES MI HIJO, EL ELEGIDO! ¡ESCÚCHENLO!
Queridos hermanos en Cristo: Paz a ustedes.
Les presento un sermón antiguo de Anastasio Sinaíta: “El misterio que hoy celebramos, manifestó Jesús a sus discípulos en el Monte Tabor. Después de haberles hablado acerca del Reino de Dios y de su segunda venida gloriosa, tomando en cuenta que quizá no estaban muy convencidos de lo que les había anunciado y deseando infundir en sus corazones una firmísima e íntima convicción, de modo que por lo presente creyeran en lo futuro, realizó ante sus ojos aquella admirable manifestación, en el Monte Tabor, como una imagen pre figurativa del Reino de los Cielos. Era como si les dijese: “El tiempo que ha de transcurrir antes de que se realicen mis predicciones no ha de ser motivo de que su fe se debilite, y por esto, ahora mismo, en el tiempo presente, les aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán, sin haber visto al Hijo del hombre presentarse con la gloria de su Padre”.
Y el Evangelista, para mostrar que el poder de Cristo estaba en armonía con su voluntad, añade: Seis días después, Jesús tomo consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a una montaña alta, y se transfiguró en su presencia; su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se aparecieron Moisés y Elías, los representantes y testigos del Antiguo Testamento conversando con Él.
Éstas son las maravillas de la presente solemnidad, éste es el misterio, saludable para nosotros, que ahora se ha cumplido en la montaña, ya que ahora nos reúne la muerte y, al mismo tiempo, la festividad de Cristo. Por esto, para que podamos penetrar, junto con los elegidos entre los discípulos inspirados por Dios, el sentido profundo de estos inefables y sagrados misterios, escuchemos la voz divina y sagrada que nos llama con insistencia desde lo alto.
Debemos apresurarnos a ir hacia allí – así me atrevo a decirlo—como Jesús, que allí en el cielo es nuestro guía y precursor, con quien brillaremos con nuestra mirada espiritualizada, renovados en cierta manera en los trazos de nuestra alma, hechos conformes a su imagen, y, como Él, transfigurados continuamente y hechos partícipes de la naturaleza divina, y dispuestos para los dones celestiales.
Corramos hacia allí, animosos y alegres, y penetremos en la intimidad de la nube, a imitación de Moisés y Elías, o de Santiago y Juan. Seamos como Pedro, arrebatado por la visión y aparición divina, transfigurado por aquella hermosa Transfiguración, desasido del mundo, abstraído de la tierra; despojémonos de lo carnal, dejemos lo creado y volvámonos al Creador, al que Pedro, fuera de sí, dijo: “Señor, que bien estaría quedarnos aquí”.
Ciertamente, Pedro quería permanecer aquí con Jesús para siempre. ¿Hay algo más dichoso, más elevado, más importante que estar con Dios, ser hechos conformes con Él, vivir en la luz? Cada uno de nosotros, por el hecho de tener a Dios en sí y de ser transfigurado en su imagen divina, tiene derecho a exclamar con alegría: Que bien estaría quedarnos aquí, donde todo es resplandeciente, donde está el gozo, la felicidad y la alegría, donde el corazón disfruta de absoluta tranquilidad, serenidad y dulzura, donde vemos a Cristo Dios, donde Él, junto con el Padre, pone su morada y dice, al entrar: Hoy ha venido la salud a esta casa, donde con Cristo se hallan acumulados los tesoros de los bienes eternos, donde hallamos reproducidas, como en un espejo, las imágenes de las realidades futuras”.
Hoy quiero felicitar a todos los que nacieron en Bolivia y a los que hemos optado de corazón a vivir aquí. Dios bendiga nuestra Patria, nos transforme como a los Apóstoles en hombres nuevos y entre nosotros como hermanos y verdaderos servidores de todos. ¡Que viva Bolivia!.
Meditemos, queridos hermanos, los misterios de nuestra fe en el Santo Rosario pidiendo la conversión de nosotros, de todos los pecadores y la de Rusia; oremos por Ucrania; que acabe la pandemia, todas las enfermedades corporales y espirituales, y todo mal. En este mes de agosto el Papa Francisco nos invita a orar para que los líderes políticos estén al servicio de su pueblo, trabajando por el desarrollo humano integral y el bien común, atendiendo a los que han perdido su empleo y dando prioridad a los más pobres. Oremos por nuestra conversión, la de todos los pecadores y de Rusia como pidió la Virgen en Fátima; oremos por la paz en Ucrania, en Tierra Santa, Venezuela y donde hay conflictos sangrientos; que acaben todas las enfermedades corporales y espirituales, y todo mal.
El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición de Dios, del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo les acompañe a ustedes y a sus familias hoy y siempre.
Mons. Adolfo Bittschi
Obispo Auxiliar de Sucre
Director Nacional de OMP Bolivia

