Mons. Bittschi: “La importancia del Espíritu Santo para vivir como Dios manda y ser Discípulos Misioneros”
“EL QUE NO ESTÁ EN CONTRA DE NOSOTROS, ESTÁ A NUESTRO FAVOR”, tituló su homilía Mons. Adolfo Bittschi, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Sucre y director nacional de Obras Misionales Pontificias este domingo 26 durante el Año Litúrgico en el que proclamamos el Evangelio según San Marcos 9, 38 – 48.
El obispo dijo que el evangelio nos presenta tres enseñanzas que Jesús ha dejado a todos sus seguidores:
“Él viene a salvar a todos”
Todo comienza con San Juan, el Discípulo amado de Jesús: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y queríamos impedírselo, porque no nos seguía». La respuesta de Jesús “No se lo impidan” sorprende a todos, así como a no pocos seguidores actuales. ¿Por qué? «Porque no hay nadie que haga un milagro en mi nombre y después hable mal de mí». Y formuló para la misión: “quien no está contra nosotros está con nosotros”. Por ello, no debemos experimentar celos, sino alegrarnos si alguien de afuera obra el bien en nombre de Cristo, siempre que lo haga con recta intención y con respeto. Incluso en el seno de la Iglesia misma nos cuesta valorar, con espíritu de comunión, las cosas buenas realizadas por los movimientos eclesiales. Todos debemos apreciarnos y estimarnos unos a otros, alabando al Señor por la “creatividad” con la que obra en la Iglesia y en el mundo el Espíritu Santo. En esta enseñanza se respira la gran visión de universalidad en la misión. Esto viene del sueño de Dios de que todos sus hijos reciban el Espíritu de Dios para después hablar y operar en su nombre. Todos son invitados a participar en la misión de Dios, cada uno según su posibilidad. Las palabras de Jesús, “no se lo impidan” son para toda época. Quien no está contra nosotros puede participar en la salvación en Cristo. De esto habló el Concilio Vaticano II.
“La recompensa”
La recompensa misionera. En esta perspectiva de la misión universal, Jesús continua su enseñanza subrayando que habrá una recompensa para todos que sostienen a sus Discípulos: “Quien quiera que les dé a beber un vaso de agua en mi nombre porque son de Cristo, en verdad les digo, no perderá su recompensa”. También en nuestros días esperamos que aumenten los “benefactores” de los misioneros de Cristo. Las “Obras Misioneras Pontificias” continuarán las actividades para recoger fondos para sostener a los misioneros, no solo por medio de la ayuda de fieles cristianos, sino también por medio de cualquier persona que se sienta inspirada a ofrecer su apoyo.
“La atención a los escándalos”.
La atención a los escándalos. Jesús termina con palabras severas sobre los escándalos. Estas palabras son una advertencia a todos los Discípulos a no ser motivo de caída. La invitación de Jesús no implica literalmente cortar la mano o el pie ni sacarse un ojo, sino evitar, de modo radical, todo pecado y desviación. Esta actitud radical es válida para todo creyente de Cristo, no solo para la propia salvación, sino por la de los otros.
Mons. Bittschi dijo que las lecturas nos hacen entender la importancia del ESPÍRITU SANTO para vivir como Dios manda y ser Discípulos Misioneros: “Por las quejas del pueblo Moisés clama a Dios: “Yo no puedo cargar con todo este pueblo, porque supera mis fuerzas” (11, 14). Dios responde y hace participar a los dirigentes del pueblo del Espíritu que tenía Moisés. Dos de ellos no iban al encuentro del Señor, sin embargo, el Espíritu de Moisés se posó sobre ellos, y se pusieron a profetizar. Josué, el ayudante de Moisés, reclamó: “¡Prohíbeselo!” Moisés respondió: “Ojalá todo el pueblo recibiera el Espíritu del Señor”. Así consta la importancia de DIOS ESPÍRITU SANTO que sopla donde quiere. Para anunciar el Evangelio, que es alegría, recibimos en la CONFIRMACIÓN los DONES DEL ESPÍRITU SANTO”.
Concluyó su reflexión mencionando al Papa Francisco y su sueño con una Iglesia misionera y una nueva acción misionera en las comunidades cristianas. Repitió el deseo de Moisés para el pueblo de Dios: “¡Ojalá todo el pueblo de Dios profetizara!” (Números 11,29). “Sí, ojalá todos nosotros fuéramos en la Iglesia lo que ya somos en virtud del Bautismo: profetas, testigos y misioneros del Señor. Con la fuerza del Espíritu Santo y hasta los confines de la tierra. María, Reina de las misiones, ruega por nosotros”, manifestó Mons. Adolfo.

