Evangelio del día

¡BENDITA TÚ ERES ENTRE TODAS LAS MUJERES Y BENDITO ES EL FRUTO DE TU VIENTRE!

12 de diciembre de 2024, celebramos la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe de México, Patrona de América Latina y de las Islas Filipinas y proclamamos el Evangelio según San Lucas 1, 39 – 48. Gloria a ti, Señor. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

¡BENDITA TÚ ERES ENTRE TODAS LAS MUJERES Y BENDITO ES EL FRUTO DE TU VIENTRE!

Queridos hermanos en Cristo: Paz a ustedes.

En la fiesta de hoy, la Virgen María se presentó a Juan Diego diciendo: “Yo soy la siempre Virgen María, Madre del verdadero Dios por quien se vive. Deseo vivamente mostrar y prodigar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa a todos amadores míos que me invoquen y en mí confíen”. Y más luego le aseguraba a Juan Diego: “No se turbe tu corazón ni te inquiete cosa alguna. ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?” El fundamento está en el Evangelio que acabamos de escuchar: Isabel, llena del Espíritu Santo, se dirige a María con el título “Bendita entre las mujeres” por su Maternidad. La Maternidad, en sí, es el milagro más grande de la naturaleza. La Maternidad de la Virgen María es el reflejo del misterio mismo de Dios y de su vida trinitaria. En la enseñanza católica se distingue entre la maternidad corporal y la maternidad espiritual, que se da por la fe: “¡DICHOSA TÚ QUE HAS CREÍDO!” María aceptó con fe las palabras del Ángel y se convirtió en Madre de Dios antes de concebir al Hijo de Dios en sus entrañas.

El Papa San Pablo VI decía en su mensaje al pueblo mexicano: EL MEJOR HOMENAJE A MARÍA es AMAR A DIOS Y AL PRÓJIMO. “Amadísimos hijos, la devoción a la Virgen Santísima de Guadalupe de México debe ser para todos vosotros una constante exigencia de renovación cristiana. La corona que ella espera de vosotros no es tanto una corona material, sino una preciosa corona espiritual, formada por un profundo amor a Cristo y por un sincero amor a todos los hombres: los dos mandamientos que resumen el mensaje del Evangelio. La misma Virgen Santísima, con su ejemplo, nos guía en estos dos caminos. En primer lugar, nos pide que hagamos de Cristo el centro y la cumbre de toda nuestra vida cristiana. Ella misma se oculta, con suprema humildad, para que la figura de su Hijo aparezca a los hombres con todo su incomparable fulgor. Por eso, la misma devoción mariana alcanza su plenitud y su expresión más exacta cuando es un camino hacia el Señor y dirige todo el amor hacia Él, como ella supo hacerlo, al entrelazar la ternura de Madre y la piedad de creatura.

Pero además, y precisamente porque amaba tan entrañablemente a Cristo, nuestra Madre cumplió cabalmente ese segundo mandamiento que debe ser la norma de todas las relaciones humanas: el amor al prójimo. ¡Qué delicada intervención de María en las bodas de Caná, cuando mueve a su Hijo a realizar el primer milagro de convertir el agua en vino, sólo para ayudar a aquellos jóvenes esposos! Es todo un signo del constante amor de la Virgen Santísima por la humanidad necesitada y debe ser un ejemplo para todos los que quieren considerarse verdaderamente hijos suyos. Un cristiano no puede hacer menos que demostrar su solidaridad para solucionar la situación de aquellos a quienes aún no ha llegado el pan de la cultura o la oportunidad de un trabajo honorable y justamente remunerado; no puede quedar insensible mientras las nuevas generaciones no encuentren el cauce para hacer realidad sus legítimas aspiraciones, y mientras una parte de la humanidad siga estando marginada.

Por ese motivo, en esta fiesta os exhortamos de corazón a dar a vuestra vida cristiana un marcado sentido social -como pide el Concilio-, que os haga estar siempre en primera línea en los esfuerzos y las iniciativas para mejorar la situación de los que sufren necesidad. Ved en cada hombre un hermano, y en cada hermano, a Cristo, de manera que el amor a Dios y el amor al prójimo se unan en un mismo amor, vivo y operante, que es lo único que puede redimir las miserias del mundo, renovándolo en su raíz más honda: el corazón del hombre.” (L´Osservatore Romano, 18 de octubre de 1970)
¡Ven, Señor Jesús! Pronto por favor, te necesitamos.

El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias y les acompañe hoy y siempre. Amén.

Mons. Adolfo Bittschi

Obispo Auxiliar de Sucre

Director de OMP Bolivia

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