CONVIENE QUE MUERA UN SOLO HOMBRE POR EL PUEBLO
27 de marzo de 2021, sábado de la 5ª semana de cuaresma proclamamos el Evangelio según San Juan 11, 45 – 56. Gloria a ti, Señor. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
CONVIENE QUE MUERA UN SOLO HOMBRE POR EL PUEBLO
Queridos oyentes, el Evangelio de hoy concluye el capítulo 11 de San Juan que relata el séptimo Signo de Jesús, la resurrección de su amigo Lázaro después de cuatro días de muerto. Este signo, el más grande de todos, por devolver la vida a un hombre que ya debería haber estado en descomposición, acrecienta el número de los que creen en Jesús. Al otro lado provoca la conjura de los sacerdotes y fariseos contra Cristo. El Sumo Sacerdote, por ver un posible peligro político en la predica de Jesús, aconseja que se debe sacrificar a Jesús por el bien del pueblo: “…nos conviene que muera un solo hombre por el pueblo y no perezca toda la nación” (v.50). Jesús devolvió la vida a Lázaro y Caifás quiere sacrificar Jesús para salvar la nación. Sin caer en cuenta, profetiza que la muerte de Jesús para el pueblo será el signo de la reunión de los hijos de Dios dispersos por el mundo. “Esto no lo dijo por su cuenta, sino que – como era el Sumo Sacerdote aquel año – profetizó que Jesús iba a morir… no solo por la nación, sino para congregar en la unidad a los hijos de Dios que estaban dispersos” (v.51). Como Jesús ha cargado con todos los pecados del mundo, en uno solo todos son perdonados. También San Pablo dijo lo mismo bajo inspiración divina (Romanos 5,12). Entonces, ¿Caifás habló por inspiración? El Evangelio dice que era el Sumo Sacerdote, es decir el representante del pueblo de Dios en el Antiguo Testamento. Sus palabras provienen de la Providencia divina, aunque parezcan simples palabras humanas. Por eso San Juan añade un comentario: ya no se trata sólo de la nación judía, sino de la salvación de toda la humanidad. Esto está expresado en los primeros once capítulos de Génesis: la pérdida del paraíso y de la unidad entre los hombres: entre marido y mujer, entre hermanos y entre los pueblos.
La Torre de Babel era el intento de volverla encontrar, pero acaba con una nueva y trágica dispersión. Con Abraham comienza la historia de la salvación: de su descendencia, en singular, saldrá el Salvador.
Pidamos entonces al Espíritu Santo la luz para todo el mundo de poder reconocer a Jesús como verdadero Dios y verdadero hombre, el único Salvador que entregó su vida para el perdón de nuestros pecados que nos separan de Dios y entre nosotros. Lo que hace falta para salvarse es confiar en Él y su divina Misericordia, recordar y reconocer los pecados, arrepentirse y pedir perdón y la gracia de nuestra conversión y la de todos los pecadores; perdonar para ser perdonados, no juzgar para no ser juzgados. El Papa Francisco nos invita a recibir el Sacramento de la Reconciliación y así saborear la infinita Misericordia de Dios. De ésta manera colaboramos para que termine ésta pandemia y toda separación en el mundo y en nuestro país. También declaró este año un AÑO SANTO en honor a SAN JOSÉ y en su fiesta el AÑO SANTO de la FAMILIA. Cada día podemos conseguir las indulgencias para nosotros o por las almas de los seres queridos difuntos. Hay que confesar, comulgar y rezar por la Iglesia y el Papa.
El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición de Dios: del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias y les acompañe en esta Cuaresma. Amén.
Mons. Adolfo Bittschi
Obispo resp de Misiones CEB
Obispo Auxiliar de Sucre

