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Evangelio del Día: DONDE ESTÁ TU TESORO, ALLÍ ESTÁ TU CORAZÓN

18 de junio, viernes de la undécima semana durante al año proclamamos el Evangelio según San Mateo 6, 19 – 23. Gloria a ti, Señor.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

DONDE ESTÁ TU TESORO, ALLÍ ESTÁ TU CORAZÓN
Queridos hermanos en Cristo, Jesús vino a enseñarnos la vida a estilo de Dios: libre para amar y alabar a Dios confiando plenamente en el Padre Dios. Por eso el discípulo auténtico de Cristo se desliga de las riquezas materiales para amontonar tesoros en el cielo, es decir ante Dios. Si la mirada del hombre está fija en Dios, toda su persona es transparente a la luz divina. La fe en la providencia de Dios parte de la seguridad absoluta de que Él es el Padre misericordioso que nunca se olvida de sus hijos. El momento que estuviera olvidándose estaríamos muertos. Esta confianza plena lleva a que el creyente se abandone totalmente en su único Señor, haciendo a un lado todo lo que suplanta o contradice la fe en Dios Padre amoroso y providente. Porque poner la seguridad en cualquier otra realidad, resulta contrario a la identidad del auténtico discípulo de Jesús. Además acecha la codicia y su raíz profunda: la idolatría de mamón, el ídolo del dinero y rival irreconciliable del Dios de las bienaventuranzas. La santidad se manifiesta en el esplendor de la generosidad. La búsqueda del Reino y lo que Dios ha dispuesto en su plan es lo primordial para el seguidor de Jesús.

Los apóstoles y mártires de las primeras generaciones de cristianos han vivido al estilo de la vida de Cristo confiando plenamente en Dios. Felizmente durante todas las épocas, también las tachadas como “oscuras” y, hasta hoy, siempre había y hay jóvenes que sienten el llamado de Dios para dejar todos los tesoros materiales, hasta los buenos, con que se podía haber hecho obras de caridad, para entregar su vida completamente a Dios. Unos ejemplos: San Benito, San Agustín de Canterbury, San Francisco de Asís y Santa Clara, la Madre Teresa de Calcuta, por nombrar sólo algunos.

“La lámpara del cuerpo es el ojo”. Conocemos alteraciones de la vista. Los miopes ven de cerca, los hipermétropes sólo de lejos. Pero las enfermedades interiores de la vista son peores y más difíciles de corregir. Por ejemplo la alteración de las proporciones, es decir, dar importancia a las cosas pasajeras y sin valor para la salvación. O la maravillosa clarividencia para ver los defectos de los demás y la ceguera para ignorar los propios. “¡Cuánta oscuridad!” (v.23) la que entra en el corazón del hombre o de la mujer a través del ojo cegado por la tacañería. Se necesita de las lentes de la Palabra de Dios como remedio.
El Papa Francisco declaró este año un AÑO SANTO en honor a SAN JOSÉ, y un AÑO SANTO de la FAMILIA.

En este mes de junio invita a orar por la belleza del matrimonio y por los que se preparan al matrimonio con el apoyo de la comunidad cristiana: para que crezcan en el amor, con generosidad, fidelidad y paciencia. Nos unimos al pedido del Papa y regalamos a la Madre cada día un ramo de rosas al rezar en todas nuestras intenciones el SANTO ROSARIO especialmente para las familias que sufren del Covid-19 u otras enfermedades y lloran la muerte de una persona querida. Al final oramos: “Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios. No desoigas la oración de tus hijos necesitados. Líbranos de todo peligro, oh siempre Virgen gloriosa y bendita”. El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición de Dios: del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias.

Mons. Adolfo Bittschi

Obispo Auxiliar de Sucre

Obispo resp. de Misiones CEB

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