Revista Bolivia Misionera Nº23

“Hogar, célula sagrada de la sociedad humana”

Hna. Elida Cruz

Misionera Cruzada de la Iglesia

Desentrañar desde los escritos de Nazaria Ignacia, una palabra sobre  la familia, no resulta  fácil, si queremos encontrar un mensaje enfocado a nuestra realidad, al concepto de “familia” en el contexto actual. Sin embargo, constatamos en sus escritos y en su práctica una preocupación por la situación de la familia en ese momento, a quien se refiere en muchas ocasiones, desde un enfoque bíblico-religioso. Preocupación expresada en forma de oración, pidiendo por las familias cristianas, teniendo como intercesor a San José, prototipo de padre, que cuida, protege y sostiene con su trabajo a su familia; poniendo como modelo a la familia y la Sagrada familia de Nazaret: “Procuremos imitar el espíritu de  familia que reinaba en la casita de Nazaret”… “Rogando por los Hogares, para que en ellos reine Cristo, su amor y su paz”

Nazaria, consciente de la realidad, percibe que los lazos filiales, en los que se fundamenta la familia, se resquebrajan,  “Hoy el mundo entero, parece sublevarse, contra todo lo que sea ley; quiere libertad, y en su loco desvarío…  busca romper todos los lazos, aún los santos e indisolubles del hogar…,  siente que tiene una misión:  proteger la familia y trabajar por ella, “No sé que tiene para mi, ese cuadro… que nos representa, la vida ordinaria de la Sagrada Familia, que atrae mi corazón, deseos inmensos de trabajar en pro del hogar cristiano, en la formación y conservación de él”.

Busca dar una respuesta, en la formación de los niños, como un eslabón para llegar a la familia,  “Sabes cuánto amo el hogar, sé la influencia que este ejerce en la formación de los hombres… No puedo dirigirme a los padres por muchas razones y por eso me dirijo a los retoños… Oh sí, educar a un niño, es educar a un hombre; educar a una niña es formar una familia”. Es consciente que la base está en el amor  “…Hagamos florecer el amor en actos ocultos de abnegación, y conseguiremos mucho, porque el mundo no es más que la reunión de todos los hogares” 

Su visión cristiana y tradicional de la familia, le empuja a trabajar por la estabilidad en el hogar,  como el lugar donde se cultivan los valores y las virtudes; donde cada uno aporta lo suyo, para el bien común y la convivencia armónica “Hogar, templo de virtud, sostenido por el trabajo de todos los miembros que la componen”, resalta el papel fundamental que la mujer tiene en el hogar, “quiero que ames ese nido de la familia, que lo llenes, con tu cariño, de calor, de vida”. Por otro lado destaca la corresponsabilidad e igualdad en la pareja: “La dignidad, los deberes y los derechos son recíprocos, son también idénticos entre esposos… ¡Y qué ambiente de pureza, de belleza, de orden, rodea desde entonces el hogar cristiano!”.

Pero su misión no se limita a la formación y orientación, va más allá. Sensible a la realidad, se conduele, se compadece y actúa frente al que se siente solo y desamparado y busca proporcionar una familia, hogar a los que no lo tienen.

No es casualidad que Nazaria utilice más la palabra “hogar” cuando habla de la familia. Si ahondamos en el significado del término hogar “lugar de la casa donde se enciende el fuego”, podríamos encontrar un sentido profundo, porque el corazón de Nazaria,  irradia el fuego,  el fuego del  AMOR, amor  a Jesucristo, a la Iglesia, a los  pobres –los preferidos de Jesús- un fuego-amor que se concretiza en la acogida a todos los que carecen de hogar, particularmente a los pobres, proporcionándoles un lugar donde se sientan protegidos, amados; quiere abrasar su entorno con ese fuego que le desborda,  brindar cobijo a aquellos que se ven desamparados de todo calor humano; no concibe que haya personas en la calle, sufriendo de hambre, de frío, de soledad, de cobijo, por falta de un hogar,  abre su ardiente corazón y su casa para prodigar calor y acogida: “Los pobres, nuestros queridos invitados; que se sientan felices en nuestras casas, que  coman  a gusto en  nuestra mesa, que solacen su corazón en la acogida fraterna y sientan el calor de la amistad”. Para ella acoger,  no es solo ofrecer un espacio donde se pueda estar, sino brindar  “hogar”, abrazar dando el calor que todo ser humano necesita para su desarrollo personal. “Hoy más que nunca, debe haber personas que, como el Buen Samaritano,  curen sus heridas, los carguen sobre sus hombros y los lleven a su casa, partiendo con ellos su propio pan, cubriendo su desnudez con ropas y abrigo, y compartiendo el calor del hogar y la ternura de la fraternidad”.

Para Nazaria, la acogida, es una actitud necesaria en todo cristiano, como expresión del amor,  “Ah, no habrá nadie que deje de compadecerse de la situación de tantos hogares pobres que en todo el país sufren hoy de miseria y desolación… el amor cristiano acude siempre en busca de los pobres…” Nazaria es consciente que el amor fraterno descansa en la experiencia de sentirnos hijos en el Hijo, que procedemos todos del mismo Padre, de un mismo Dios; y que los lazos de la Fe, son más fuertes que ser de la misma sangre. ¿Quién es  mi madre, y quiénes son  mis hermanos?,  y paseando la mirada por los que estaban sentados escuchándole dijo: “Aquí están mi madre y mis hermanos. Porque todo el que hace la voluntad de Dios, ése es hermano, mi hermana y mi madre” (Mc. 3, 33-35).

El Papa Francisco, en Evangelii Gaudium habla de “cuidar la fragilidad”  identificarse con los pequeños, con los débiles, tocar su miseria; Nazaria palpó la miseria, y se sintió movida a abrir  hogares para niños y niñas, huérfanos de la guerra y comedores para pobres, para darles lo que necesitaban. “Abrimos nuestro débiles brazos y empezamos a recibir a las criaturas, mirando solo al cielo”.  “Aquí tenemos unos 20 chiquillos, a los que procuramos cuidar con ternura… Dios envía los pequeños a la tierra para que sean cultivados con el cuidado con que su divina Madre velaría su infancia en Nazaret, y así queremos protegerlos nosotras… hacemos todo lo posible para que tengan el cariño del hogar y los cuidados del espíritu y del cuerpo, que les son necesarios”.

Nazaria, constató la fragilidad de la familia en su contexto; hoy la familia sigue siendo frágil y es una preocupación para la Iglesia. Por ello el Papa Francisco, para celebrar los 5 años de la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia, proclame este año dedicado a la familia; manifiesta su preocupación por el cuidado de las familias, sobretodo el cuidar las relaciones y cultivar los valores, así lo expresa en la Exhortación:  “Las tensiones inducidas por una cultura individualista exagerada de la posesión y del disfrute generan dentro de las familias dinámicas de intolerancia y agresividad”. (AL 32).  Como camino se propone un fortalecimiento de  la pastoral familiar que “debe hacer experimentar que el Evangelio de la familia responde a las expectativas más profundas de la persona humana: a su dignidad y  a la realización plena en la reciprocidad, en la comunión y en la fecundidad. No se trata solamente de presentar una normativa, sino de proponer valores, respondiendo a la necesidad que se constata hoy, de tales valores” (AL 201)

Nazaria tenía claro que el crecimiento y  estabilidad de la familia, solo puede darse si se cultivan los valores y las virtudes, totalmente en sintonía con lo que la Iglesia propone hoy. Ella nos animaría a todos a trabajar y comprometernos por formar auténticos creyentes que vivan su fe en familia; al mismo tiempo en procurar “hogar” para los que no han tenido la suerte de vivir una estructura familiar en la que experimentar el amor y la ternura.

Retomando nuevamente el significado de hogar “lugar de la casa donde se enciende el fuego”, Nazaria nos seguiría diciendo sean “almas de fuego y corazones de apóstoles”.

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