SAN JOSÉ, UN HOMBRE PARA EL SIGLO XXI
Por: Annelice Zavala

En un tiempo donde el hombre es prácticamente “ninguneado” por una sociedad empujada por un feminismo, hace poco suave, pero que cobra fuerza día a día, con discursos desde una mesa de café con unas amigas hasta himnos en contra de la masculinidad o del “ser varón”, es providencial haber recibido este año dedicado al más oculto y simple de los santos, el padre de Jesús.
Muchos títulos, se le han dado en lo que va del año, todos maravillosos, pero me quedo con éste:
Custodio de los Sagrados Corazones
Estos nos sumergen en la maravillosa historia de un hombre amoroso, obediente, preocupado, de fe, enamorado.
¿No habrá sabido la Virgen (y San José) que su parto coincidía con el tiempo del censo? ¿habrá pensado en conseguir un lugar para que nazca el hijo?
Nos ponemos junto al pesebre a contemplar cuando la Santísima Virgen le entrega a Jesús por primera vez, y con El, José recibe a la Iglesia, y ¡con qué amor la abraza!.
Nos ponemos junto a la santa pareja el momento de la profecía de Simeón, que una espada atravesará el alma… ¿sólo de María?, ¿no quedó José traspasado en ese momento, pensando en cual, y cómo sería esa espada, y no habrá quitado esto noches de sueño, pensando en proteger a su esposa y su Hijo?
La pobreza los acompañó toda su vida, porque así fue la Voluntad del Padre. Esa pobreza que fue el mayor bien en medio de todas las miserias que nos afligen. Pobreza hecha del verdadero desapego, de voluntad consciente, no de mezquindad.
Hoy, ¿qué nos diría la Santísima Virgen sobre su esposo? ¿Cómo saber de la admiración a su esposo al tener en frente dificultades y cómo las afrontaba? ¿Cómo en la casita de Nazaret construirían cada día, la comunión de la familia, el afrontar las preguntas, travesuras de Jesús, los cansancios diarios, la pobreza, el conquistar esa paz que no sólo era gracia, sino la conquista diaria?
El hombre, el varón de hoy, la familia, la sociedad necesita ver a José, sentirlo, compenetrar ese corazón de hombre-padre-esposo, con la imagen de un José real, del silencio, pero de profundos sentimientos, de una pureza, fortaleza, sin descartar los miedos y las aflicciones. De considerar que una familia necesita la cabeza, la presencia y el amor del padre. Y el padre, configurarse con José.
Si los hombres quisieran, podrían ser preservados de muchas manchas recurriendo a José. Bastaría que pidan de corazón que los resguarde de toda impureza para honrar los actos de pureza en los cuales José trató a su esposa.
El hombre a quien, en la Biblia nadie le dirige una palabra, ni él a nadie, tiene una profunda sensibilidad y extraordinaria comunicación con los ángeles, quienes actúan como sus guardianes, amigos y guías. Y con quien tuvo horas maravillosas de conversación en la carpintería: Jesús. Qué gran modelo de sensibilidad masculina de “estar” en las cosas de Dios, “meditar” en las cosas de Dios, relacionarse con lo celestial, como un gran contrapuesto al padre, trabajador, obrero, abogado y porque no político de hoy.
Levantemos en Bolivia una verdadera devoción a San José, como un santo de rostro amoroso, alegre, risueño y hasta bromista, considerado y respetuoso. Busquemos esa santidad no solo de altares, sino de hombres compenetrados en su masculinidad protectora.
El hijo que ve a su padre de rodillas ante Dios, jamás borrará esa imagen de grandeza.
Consagremos nuestras vidas a San José, pidiéndole sus dones y gracias, durante 33 días de oración y entrega.
San José, Ruega por nosotros

