UNA VOZ SALIÓ DE LA NUBE: ÉSTE ES MI HIJO AMADO. ¡ESCÚCHENLO!
25 de febrero de 2024, 2º Domingo de CUARESMA, proclamamos el Evangelio según San Marcos 9, 2 – 10. Gloria a ti, Señor. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
UNA VOZ SALIÓ DE LA NUBE: ÉSTE ES MI HIJO AMADO. ¡ESCÚCHENLO!
Queridos hermanos en Cristo: Paz a ustedes.
El 2º domingo nos muestra la gloria resplandeciente de Jesús que Él quiere compartir con los bautizados al fin de nuestra vida después de haber ESCUCHADO a Jesús en nuestra Vida. Escuchar a Dios incluye obedecerle, aunque no lo comprendo cómo nos relata la 1ª lectura de Abraham, nuestro Padre en la fe, en una lección en contra a los sacrificios de los propios hijos muy comunes en aquella época.
- El contexto de la Transfiguración. La transfiguración de Cristo tuvo lugar después de la profesión de fe de Pedro: “Tú eres el Mesías” (Mc 8,29), seguida del primer anuncio de la pasión (Mc 8,31). Con esta revelación, Jesús nos invita a seguirlo en la vía de la cruz y de la negación de sí mismo para salvar la propia vida y estar con el Hijo del hombre cuando Él venga en la gloria del Padre con los Ángeles (Mc 8,34-38). La luz en el camino y la fuerza para seguir adelante nos da la Palabra de Jesucristo. Así, la Transfiguración de Cristo no es un episodio aislado sino se inserta en el camino de la misión que Él realiza con los discípulos. En el prefacio de este Domingo, el Sacerdote en nombre de todo el pueblo, da gracias a Dios por medio de Cristo nuestro Señor, por el misterio de la Transfiguración. Reza así: “Jesús, después de anunciar su muerte a los discípulos les mostró en la montaña santa el esplendor de su gloria, para testimoniar, de acuerdo con la ley y los profetas, que la pasión es el camino de la Resurrección”. El Catecismo de la Iglesia Católica subraya: «La Transfiguración nos concede una visión anticipada de la gloriosa venida de Cristo… Pero nos recuerda también que “es necesario que pasemos por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios” (Hechos 14,22)» (n. 556). Este “es necesario” ir de las tribulaciones a la gloria, obviamente no quiere decir que los discípulos de Cristo tienen que buscarlas. Estas palabras afirman que la misión de los discípulos será como la del Maestro. Tal misión encontrará dificultades, sufrimientos, las cruces de cada día por el Evangelio y por el Reino de Dios. La montaña de la Trasfiguración se relaciona con el Calvario. Podemos recordar las palabras de Jesús: «En el mundo tendrán luchas; pero tengan valor: yo he vencido al mundo» (Jn 16,33). Son estas Palabras que nos animan a seguir adelante juntos y unidos en el camino sinodal.
- «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí!» De estas palabras de Pedro podemos intuir lo extraordinaria de su experiencia al ver a Jesús transfigurado con sus vestidos que «se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo », como el Evangelista Marcos lo describe de manera propia y original, para subrayar el color blanco divino. Sin embargo, debe quedar claro que, según el relato, lo que Pedro y los demás discípulos experimentaron en la montaña no fue sólo una fuerte experiencia visual, sino también del oído, al escuchar a Moisés y Elías conversando con Jesús. Tal experiencia hace exclamar a Pedro a Jesús: «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí!»; esto hace soñar con la belleza de estar con el Señor. Aquí quiero recordar de nuevo que en cada Santa Misa se nos ofrece esta hermosa experiencia con el Señor glorioso. En la Misa podemos sumergirnos en la ESCUCHA DE LA PALABRA y en la Comunión Eucarística con Cristo, que se une sacramentalmente con sus discípulos. Son momentos preciosos que Cristo regala a sus fieles en el camino de la misión, como una especie de Transfiguración Sacramental cada Domingo o cada día. Cristo quiere estar con nosotros, para que podamos gustar de su Palabra y adelantar algo de nuestra transfiguración en Él. Y el Salmista nos invita: «Contempladlo, y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará», y «Gustad y ved qué bueno es el Señor» (Sal 34,6.9). En efecto, «Lo que los tres discípulos escogidos escuchan y contemplan en la Transfiguración viene a realizarse en la celebración de la Eucaristía, en la que los fieles que están confesados reciben el Cuerpo y la Sangre del Señor. Decía el Evangelio: Mientras los discípulos estaban arriba vieron la gloria divina resplandecer en Jesús. Mientras estamos aquí abajo, recibimos el Cuerpo y la Sangre de Cristo y escuchamos la misma palabra del Padre que nos dice: “Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo”. Este Domingo de la Transfiguración es una buena ocasión para renovar nuestra vivencia de cada santa Misa, para que cada vez más sea un momento fuerte en la experiencia del Cristo glorioso, como lo fue una vez en esa montaña alta de la Galilea.
- Como Pedro, Santiago y Juan, todos estamos llamados a ser cada vez mejores discípulos de Cristo transfigurado. Estamos llamados a subir frecuentemente a la montaña con Él, a “entrar en la nube” del Espíritu sin miedo, escuchar su Palabra y siguiéndole como única vía al Padre, para ser también nosotros transformados, aún más, transfigurados con Él y en Él en nuestro camino cristiano misionero. Hoy recuerdo a una Santa inglesa que de joven dejo su patria para ir de misiones a Alemania, Santa Walburga. En su fiesta 25 de febrero del año 1995 me salvó la vida al ser botado de mi mula grande cayendo con la cabeza por delante a la tierra sin sufrir ninguna fractura.
El Papa nos pide orar por él, por el Sínodo y este mes por los enfermos terminales y sus familias para que reciban los cuidados necesarios. Recemos en nuestras familias el ROSARIO también por santas vocaciones sacerdotales, religiosas y misioneras. Oremos por nuestra conversión, la de todos los pecadores, y de Rusia como pidió la Virgen en Lourdes y Fátima; por los afectados de la guerra en Ucrania, Gaza y donde hay conflictos sangrientos; por la paz y la libertad religiosa en todo el mundo; por Bolivia pedimos justicia y democracia. Damos gracias a Dios por las lluvias recibidas y pedimos lluvias suaves y abundantes donde hace falta aún. Oremos para que acabe el feminicidio más grande, el aborto; los avasallamientos y toda clase de violencia y corrupción; las enfermedades corporales y espirituales, y todo mal. El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda, sobre ustedes y sus familias.
Mons. Adolfo Bittschi
Obispo auxiliar de Sucre
Director nacional de OMP

