Evangelio del día: «Los amó hasta el extremo»
28 de marzo de 2024, JUEVES SANTO, proclamamos el Evangelio según San Juan 13, 1 – 15. Gloria a ti, Señor. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
LOS AMÓ HASTA EL EXTREMO
Queridos hermanos en Cristo: Paz a ustedes.
La 1ª lectura habla del libro del Éxodo 12,1-14 de la CENA PASCUAL DE ISRAEL EN EGIPTO. San Pablo en la epístola tomado de la 1ª Carta a los Corintios 11, 23-26 nos habla de la institución de la EUCARISTÍA y del ORDEN SACERDOTAL. El Evangelio relata el LAVATORIO de los PIES como CONCRETIZACIÓN del AMOR (Juan 13,15). Jesús repite los gestos de la celebración de la Pascua judía, como partir el pan y pasar la copa de vino, pero le da a estos gestos un nuevo significado a través de las palabras que pronuncia sobre ellos: el pan partido y entregado es su “CUERPO”, y el vino es su “SANGRE derramada para el perdón de los pecados”. Jesús se presenta como el VERDADERO CORDERO PASCUAL que quita el pecado del mudo. La 1ª Corintios es uno de los documentos más antiguos de las palabras de la institución de la Eucaristía y del Orden Sacerdotal por el Señor en la Última Cena con las palabras: “¡Hagan esto en conmemoración mía”.
San Pablo las recibió por tradición. Celebramos las Eucaristías en las parroquias con el sacerdote que nombra el Papa Francisco – si no lo nombra es un sacerdote excomulgado – y debe estar en unión con el Obispo diocesano del lugar – y no con uno del Brasil – entonces es la presencia del Sacrificio de Cristo en la Cruz, la perfecta Alianza con Dios. La Eucaristía, en la Iglesia Católica, es el “Misterio de la fe”, que actualiza sacramentalmente la vida de Jesús, sobre todo su Pasión, Muerte y Resurrección. Así se edifica la Familia de Dios, el “Cuerpo Místico” de Cristo y el Templo del Espíritu Santo. La Eucaristía requiere fe en lo que celebra la Iglesia y una vida abierta a la comunión con Dios; de aquí sale la necesidad de examinar nuestra conducta antes de comulgar. Mejor no recibir el Cuerpo de Cristo cuando estamos conviviendo sin ser casados o en otro pecado.
En la Santa Comunión recibimos el Cuerpo de Cristo que nos transforma en Cuerpo de Cristo. Comemos a Cristo y Él nos asimila. En la Comunión “Cristo acrecienta en nosotros el don de su Espíritu, infundido ya en el bautismo e impreso como sello en el sacramento de la confirmación (Juan Pablo II, Ecclesia de Eucharistía, n.17). San Ireneo dice: “Nuestros cuerpos cuando han recibido la Eucaristía, ya no son corruptibles sino que tienen la esperanza de la resurrección”. Por eso conviene participar todos los Domingos y Fiestas de guardar y estar en la Iglesia unos cinco minutos antes de comenzar para que pueda llegar también nuestra alma.
El Señor Jesús lava mis pies. Lavar los pies de los invitados era tarea de los esclavos. Con este gesto, desvestido de su manto y a los pies de los discípulos, está expresado lo que escribe San Pablo en la carta a los Filipenses: “Siendo de condición divina… se despojó de sí mismo, asumió la condición de esclavo… se humilló hasta la muerte ¡y una Muerte en Cruz!” (2,5s). Jesús nos brinda una enseñanza fundamental; expresa el sentido de todo su “Misterio Pascual”. Ya había dicho antes: “El Hijo del hombre no vino a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate para todos” (Marcos 10,45).
Simón Pedro no quiere aceptar este servicio tan humilde, tal vez adivinando que le toca seguir este ejemplo… Jesús le dice: “si no te lavo, no tienes que ver conmigo”. El LAVATORIO de los pies NO nos libra de los pecados, es símbolo del sacramento de la reconciliación o confesión, que sí nos absuelve lo que es indispensable para tener parte con Cristo. Y su mandato es: “Hagan ustedes lo mismo” (13,15). Recibir el perdón para perdonar al hermano. No lavar los pies a Jesús en el hermano, dejar de perdonar y servir, es no vivir como Cristo. No comer a Cristo en la Eucaristía es ignorar o rechazar su Pasión, Muerte y Resurrección.
¡Ceguera y anemia!
Tanto para el mandato de AMOR (vv.34-35), concretizado en el Lavatorio de los pies, como en la institución de la EUCARISTÍA Jesús pide la continuidad a sus discípulos. Continuar las acciones de Jesús no es repetir ceremonias ni ritualismo sino hacer presencia a Cristo y encarnar su actitud de entrega total y de servicio. Jueves Santo es el día de la institución del sacramento del ORDEN SACERDOTAL al decir el Señor: “Hagan esto en conmemoración mía”. Oremos por los sacerdotes y por santas vocaciones a la vida sacerdotal, religiosa y misionera.
Hoy se recuerda a San Cirilo, Diácono de Heliópolis, ciudad cercana al Líbano. Los paganos se lanzaron contra él y le dieron muerte, desgarrándole el vientre por el año 362.
Pidamos entonces al Espíritu Santo para que todo el mundo pueda reconocer a Jesús en la EUCARISTÍA como el único Salvador que entregó su vida para el perdón de los pecados. Para salvarse hay que confiar en Dios y su Divina Misericordia, recordar y reconocer los pecados, arrepentirse, pedir perdón y perdonar para ser perdonados, no juzgar para no ser juzgados. Pidamos la gracia de nuestra CONVERSIÓN, la de todos los pecadores y de Rusia, tal como pidió Nuestra Madre, la Virgen María, en sus apariciones en Lourdes y Fátima. El Papa, con su ejemplo, nos invita a recibir el Sacramento de la Confesión y así saborear la infinita Misericordia de Dios y nos pide orar en este mes por los nuevos Mártires, para quienes en diversas partes del mundo arriesgan su vida por el Evangelio logren contagiar su valentía y su impulso misionero. Oremos por los afectados de la guerra en Ucrania, Gaza y donde hay conflictos sangrientos; por la paz y la libertad religiosa en todo el mundo; por Bolivia pedimos justicia y democracia. Oremos para que acabe el feminicidio más grande, el aborto; los avasallamientos y toda clase de violencia y corrupción; las enfermedades corporales y espirituales, y todo mal. El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias.
Mons. Adolfo Bittschi
Obispo Auxiliar de Sucre
Director Nacional de OMP Bolivia

