Mons. Bittschi: «¿Quién causa tanta alegría? ¡La Inmaculada Concepción de María!»
Este domingo 8 de diciembre 2024, celebramos la SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA y proclamamos el Evangelio según San Lucas 1, 26 – 38. Mons. Adolfo Bittschi, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Sucre y Director Nacional de Obras Misionales Pontificias comparte su mensaje dominical destacando que la Inmaculada Concepción nos muestra la importancia y necesidad de tener un corazón puro para que Dios pueda venir a nuestra vida y a nuestro corazón en este tiempo de Adviento.
ALÉGRATE, MARÍA, LLENA DE GRACIA, EL SEÑOR ESTÁ CONTIGO
Queridos hermanos en Cristo: Paz a ustedes.
¿Quién causa tanta alegría? ¡La INMACULADA CONCEPCIÓN de MARÍA! La INMACULADA CONCEPCIÓN de MARÍA es la aurora o preludio de nuestra SALVACIÓN. Al celebrar la INMACULADA CONCEPCIÓN de la Santísima Virgen María alabamos y GLORIFICAMOS A DIOS PADRE, HIJO Y ESPÍRITU SANTO que obró este milagro en el momento de la concepción natural por sus padres Joaquín y Ana guardándola del pecado original. Es una de las cuatro grandes gracias que Dios le concedió al escogerla como Madre del Salvador. Creemos cuatro verdades seguras o Dogmas de la fe acerca de la Virgen María. 1. El primer dogma mariano asegura: María es Madre de Dios Hijo. La cita bíblica está en Mateo: “Entraron en la casa, vieron el niño con María, su Madre, y, cayendo de rodillas, lo adoraron” (Mateo 2,11). 2. El segundo dogma mariano es su Virginidad. También lo dice la cita bíblica: “Dios envió al Ángel Gabriel… a una Virgen… el nombre de la Virgen era María” (Lucas 1, 26.27). 3. El tercer dogma es lo que celebramos hoy, 8 de diciembre, la INMACULADA CONCEPCIÓN de la Santa Virgen María, justo nueve meses antes de su nacimiento. Fue declarado hoy hace 170 años por el Papa Pio IX y confirmado cuatro años después 1858 por la Virgen en Lourdes. 4. El cuarto dogma es la GLORIOSA ASUNCIÓN de Santa María Virgen con cuerpo y alma al cielo. “Apareció en el cielo un signo grandioso: Una mujer vestida del sol, la luna bajo sus pies y, sobre su cabeza, una corona de doce estrellas” (Apocalipsis 12,1). Hoy festejamos a nuestro DIOS por la Inmaculada Concepción de la Virgen María que no tiene una cita verbal pero son varios textos de la Sagrada Escritura que meditándolas por varios siglos se dejan interpretar con seguridad así. El pasaje más importante es el Evangelio que se proclama en esta Solemnidad: el Anuncio del Ángel a María y la Encarnación del Hijo de Dios. Dios Padre saluda a María por medio del Arcángel Gabriel: “ALÉGRATE, MARÍA, LLENA DE GRACIA, EL SEÑOR ESTÁ CONTIGO”. El Papa Benedicto XVI dijo: «Llena de gracia», en el original griego «kejaritoméne», es el nombre más bello de María, nombre que le dio el mismo Dios para indicar que desde siempre y para siempre es la amada, la elegida, la escogida para acoger el don más precioso, Jesús, «el amor encarnado de Dios» (Encíclica «Deus caritas est», 12). En esta plenitud de gracia Dios regala a María en el primer momento de su existencia, sin mérito de ella, el mismo estado de gracia en el que había creado a Adán y Eva. A la Virgen María Dios le da esa gracia “en previsión de la muerte de Jesús” (Oración de la Solemnidad). La Inmaculada Concepción de María nos lleva a Cristo y a su sacrificio en la Cruz. Por eso cantamos con el Salmo responsorial “Canten al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas” (Salmo 98).
En María se cumple la profecía de Isaías “me llena de gozo el Señor, mi alma se alegra con mi Dios: porque me ha vestido un traje de triunfo, me ha cubierto con túnica de victoria; porque me ha enjoyado como una novia” (Isaías 61,10). Y San Pablo escribe en la carta a los Efesios: “Dios nos eligió en la Persona de Cristo antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante Él por el amor” (Efesios 1,4; Segunda Lectura).
San Ireneo (130-202) había presentido la Inmaculada Concepción de María, cuando saludaba en ella a “la Nueva Eva”. En la edad media el teólogo franciscano, Juan Duns Scoto, había propuesto ya lo que será luego el dogma con la famosa expresión: “potuit, decuit, ergo fecit”, que quiere decir: “Él podía hacerlo, era conveniente, luego Él lo hizo”. En las Iglesias orientales y ortodoxas se habla de María como la “Siempre Pura”. En el siglo XV se oraba en la liturgia: “por la Concepción Inmaculada de la Virgen María, Dios preparó a su Hijo una digna morada”. Como DOGMA DE FE, o sea como verdad segura de la fe, fue proclamado por el Papa Pio IX el 8 de diciembre de 1854 y confirmado por la misma Virgen en sus 18 apariciones en Lourdes, Francia, desde el 11 de febrero hasta el 25 de marzo de 1858, cuando se presentó a la vidente Bernardita Soubirous como “Yo soy la INMACULADA CONCEPCIÓN”. Desde entonces se produjeron muchísimos milagros hasta hoy. En resumen: 1. La Virgen recibe el privilegio de la Inmaculada Concepción por pura gracia en vista de ser un día la MADRE DEL HIJO DE DIOS hecho hombre. Él tiene que nacer sin ningún contacto con el pecado. Al venir del cielo y asumir la carne humana Jesús sigue siendo Dios en quien no cabe ni la mínima mancha del mal. En cuanto Dios, Cristo existe antes y fuera del tiempo. Así podía adelantar en la celebración de la Última Cena, que era su primera Eucaristía, la entrega de su Cuerpo y de su Sangre. Y de la misma manera salva, anticipadamente, a su Madre de toda mancha de pecado. 2. Adán y Eva cayeron en la tentación, mientras la Santísima Virgen María nunca fue vencida por el pecado. Esta lucha de satanás contra la Madre del Salvador estaba sentenciado por Dios en el libro de Génesis donde dice: “Pongo enemistad entre ti y la mujer” (3,15). Podemos pedir a la Inmaculada Concepción, que está puesta por Dios a pisar la cabeza de la serpiente antigua, que interceda por nosotros, para poder vencer las tentaciones. 3. La Inmaculada Concepción nos muestra la importancia y necesidad de tener un corazón puro para que Dios pueda venir a nuestra vida y a nuestro corazón en este tiempo de Adviento. “Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios” (Mateo 5,8). Lo confirman tantos varones y mujeres santos vencedores en la lucha contra satanás.
Sigamos orando en las intenciones del Papa Francisco en este mes de diciembre por los PEREGRINOS DE ESPERANZA: para que este Jubileo 2025 nos fortalezca en la fe, nos ayude a reconocer a Cristo Resucitado en medio de nuestras vidas, y nos transforme en peregrinos de Esperanza cristiana. Recemos también por nuestra conversión, la de todos los pecadores y de Rusia como pidió la Virgen en Fátima. Oremos por santas vocaciones a la vida sacerdotal, religiosa y misionera; por Bolivia, que necesitamos lluvias suaves y abundantes donde no llovió y damos gracias por las lluvias recibidas; que el Señor despoje nuestro espíritu del odio, de la violencia, del rencor y de la división entre hermanos. Oremos también por Ucrania, Tierra Santa, Sudán de Sur, Myanmar y donde hay conflictos violentos; que acaben todas las enfermedades corporales y espirituales, el aborto y todo mal. Sigamos meditando en estas intenciones los momentos claves de la fe con el SANTO ROSARIO. El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Les bendiga a ustedes y a sus familias Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.
Mons. Adolfo Bittschi
Obispo Auxiliar de Sucre
Director Nacional de OMP Bolivia

