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Mons. Bittschi: «Jesús, Dios hecho hombre, ¡era y es el misterio más grande! Todos nosotros estamos llamados a crecer con Él en sabiduría»

29 de diciembre de 2024, DOMINGO DE LA SAGRADA FAMILIA: JESÚS, MARÍA Y JOSÉ, año C, proclamamos el Evangelio según San Lucas 2,41-52. Gloria a ti, Señor. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Queridos hermanos en Cristo: Feliz Navidad.

El día 25 celebrábamos el Nacimiento de Cristo en Belén, y hoy lo vemos ya de doce años. Habíamos contemplado el primer llanto del recién nacido Niño Jesús, y hoy escuchamos sus primeras palabras. Jesús lo hace como un hombre adulto en un contexto solemne: en el Templo, en medio a los doctores de la Ley y delante de sus padres terrenos: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?» (Lc 2,49). Se trata de palabras de Cristo que el Evangelista Lucas reviste de una importancia fundamental, porque explicitan el sentido de la existencia de Jesús. Por eso, se tienen que escrutar, frase por frase, para comprender su profundidad y fructificar para una vida cristiana-misionera en el Señor.

«¿Por qué me buscabais?», así responde Jesús, en sus doce años, a su madre que le ha dicho con palabras conmovedoras: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados». Esta forma de responder a sus padres “angustiados”, resulta poco comprensible en él. OJO: Los Evangelios fueron escritos para transmitir mensajes teológicos de fe. No son reportajes. No parece ser un ejemplo especialmente hoy en la Fiesta de la Sagrada Familia, de la que esperamos aprender cómo vivir y crecer en la santidad. Nunca ha sido puesta en duda la obediencia absoluta de Jesús a sus padres según el Cuarto Mandamiento. De hecho, afirma: «Él bajó con ellos [María y José] y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos» (Lc 2,51). ¿Por qué una respuesta tan brusca de Jesús en esta y en otras situaciones? El Señor utilizó la situación para anunciar solemnemente la razón de su vida: «Yo debo estar en las cosas de mi Padre». Es la primera revelación verbal de Jesús sobre su “misión”.

La palabra de Jesús “yo debo” no se refiere a las obligaciones que impone otro, sino muestra su disposición para realizar la salvación con todo el corazón, mente y espíritu. Desde este momento, la expresión “yo debo” continúa durante toda su actividad de Jesús. De las otras 17 veces en el Evangelio de Lucas la más significativa es: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día» (cf. Lc 9,22). Se trata del contenido del “deber”, que Jesús realiza según el plan del Padre. La vida de Jesús está totalmente orientada por esta constante de “estar en las cosas de mi Padre”. Lo confirma la declaración de Cristo a Dios Padre en el momento de su entrada en el mundo: «He aquí que vengo para hacer tu voluntad» (Hebreos 10, 5-10). Cuando Jesús con doce años dice que tiene que «estar en las cosas de mi Padre», no se refiere solo a las acciones concretas, sino que habla de la ocupación de toda una vida inmersa en la misión de Dios en cada respiro hasta la muerte y una muerte en Cruz: “yo debo”, porque “yo vengo a hacer tu voluntad”, ofreciéndome a mí mismo! Y, así, ¡la vida de Jesús es toda misión! Él vive la misión del Padre. ¡La vive, 24 horas del día y 7 días a la semana! Y sus discípulos serán exhortados a hacer lo mismo. Dirá después de la Resurrección: «Como el Padre me ha enviado, así también los envió Yo» (Jn 20,21).

« ¿No sabían?» Se trata de una invitación a un constante pensar y repensar, con la ayuda de la Palabra de Dios, sobre el ministerio de Jesús, su persona, su misión, porque Él es el misterio de Dios hecho hombre, que va siempre más allá de los esquemas mentales y de todo saber humano. Esto vale también hoy para todos los Discípulos Misioneros, enviados para anunciar a Cristo. Es necesario seguir el ejemplo de María, Madre de Jesús, humilde sierva de Dios, y de José, el justo: no sentirnos ofendidos delante de las palabras a veces duras e incompresibles de Jesús, sino tener siempre una actitud de escucha y contemplación del misterio donado. Si bien, «ellos no comprendieron lo que les dijo», María «conservaba todo esto en su corazón», es decir, todas estas palabras y hechos para volver constantemente con el pensamiento, con la mente, con el corazón. Así, la pregunta retórica de Jesús «¿No sabían?» se transforma en una exhortación para hacer crecer nuestro saber sobre Él y nuestra sabiduría en el discernimiento y en el hacer «las cosas del Padre». El evangelio dice que, después de haber declarado la misión de su vida, el Jesús de doce años «iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres». Si así es con Jesús, Dios hecho hombre, ¿quién osa afirmar que no tiene necesidad de crecer? ¡Atención! Jesús, Dios hecho hombre, ¡era y es el-misterio-siempre-más grande! Todos nosotros estamos llamados a crecer con Él en sabiduría. Especialmente en este nuevo Año Santo Jubilar que Dios nos dona, para vivir siempre más sabiamente y más intensamente nuestra vida de hijos de Dios, llamados a cumplir, mejor, a vivir la misma misión de Jesús, el Hijo del Padre: ¡Llevar la salvación de Dios a todos, hasta los extremos de la tierra! (cf. Is 49,6).

Hoy recordamos a Santo Tomás Becket, nació en Londres en 1118, elegido Obispo de Cantorbery en 1162, y Canciller del reino, defendió los derechos de la Iglesia contra el rey cuyos esbirros lo asesinaron el año 1170. Decía: “El miedo a la muerte no debe separarnos de la justicia”.

Sigamos meditando los misterios gozosos de nuestra fe en el SANTO ROSARIO pidiendo este mes en la intención del Papa Francisco por los peregrinos de la Esperanza, que el jubileo del año 2025 nos fortalezca en la fe, nos ayude a reconocer a Cristo resucitado y nos transforme; también por la Iglesia, por nuestra conversión, la de todos los pecadores, y de Rusia como pidió la Virgen en Fátima; oremos por los afectados de la guerra en Ucrania, Tierra Santa, Siria y donde hay guerra; pidamos paz en todo el mundo, en las familias y en nuestros corazones, por el fin del aborto, de las enfermedades corporales y espirituales y por los difuntos. Damos gracias al Señor por las lluvias recibidas y pidamos lluvias suaves y abundantes para donde hace falta. El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición de Dios, del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y sus familias y les acompaña hoy y siempre. ¡Feliz Navidad! ¡Ha nacido el Salvador! ¡Es Cristo el Señor! ¡Aleluya!

Mons. Adolfo Bittschi

Obispo Auxiliar de Sucre

Director Nacional de OMP Bolivia

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