Mons. Bittschi: Invocamos a Dios implorando su bendición, protección, iluminación y paz en este 2021
1 de enero de 2021, año nuevo civil, Solemnidad, octava de la Navidad, Santa María, MADRE de DIOS, proclamamos el Evangelio según San Lucas 2, 16 – 21. Gloria a ti, Señor. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
¡SALVE, MADRE SANTA!, VIRGEN MADRE DEL REY JESÚS, QUE GOBIERNA CIELOS Y TIERRA
Queridos oyentes, ¡Feliz año del Señor 2021! La Palabra se hizo carne por medio de la maternidad virginal de María. Al adorar con los pastores el Niño nacido en Belén al Hijo de Dios, reconocemos que María es la Madre de Dios. En esta octava de su nacimiento el divino Niño es circuncidado y recibe su nombre dado por el cielo, JESÚS. Como iniciamos hoy un nuevo año del Señor invocamos en la primera lectura el Santo Nombre de Dios sobre nosotros y sobre el año 2021 implorando la bendición, protección, iluminación y paz.
Esta bendición Dios nos dio por medio de Moisés en el libro de Números. San Francisco de Asís usaba esta oración para bendecir. Es una enseñanza y una invitación para nosotros de aplicarla cada mañana y con Dios iniciar cada día del año. Así recibiremos de Dios las gracias necesarias para vivir nuestra vida como hijos de Dios y discípulos misioneros de Jesucristo. La segunda lectura de la carta del apóstol San Pablo a los cristianos de Galacia nos recuerda que nuestro Dios no es un Dios solitario sino es Trinidad. Tres personas distintas en la perfectísima unidad de amor en un solo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Así nos santiguamos con la señal de la cruz. Cuando se cumplió el tiempo, Dios Padre envió a su Hijo, nacido de una mujer, y al Espíritu Santo que clama desde nuestro corazón: “¡Abba!”, Padre. Es una invitación para rezar cada mañana, medio día, tarde y al momento de servirse los alimentos o iniciar cualquier trabajo se debería hacer la oración que Jesús enseñó a los apóstoles. En el Evangelio María nos enseña a meditar las obras maravillosas en el corazón.
El ángel de Dios dio un signo concreto a los pastores: “encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (v.12). Los pastores, gente desechada por las autoridades religiosas por no conocer la Sagrada Escritura y no participar en la sinagoga, son los primeros en escuchar el Evangelio de la Navidad. Obedecen al mensajero celestial y se decían: “¡Vamos todos a Belén a ver lo que ha sucedido, y que el Señor nos ha dado a conocer!… encontraron a María, a José y al niño recién nacido acostado en el pesebre.” Esta vez el signo no es algo sobrecogedor ni deslumbrante, como en el Sinaí (Éxodo 19,16).
Ahora Dios se manifiesta en la pobreza, la sencillez y la debilidad de un niño acostado en un pesebre. Los pastores se convierten en testigos y evangelizadores de lo que han escuchado y visto. María adopta la actitud contemplativa ante el misterio en la pobreza que se revela, mostrándose como la discípula siempre discerniendo y aceptando la voluntad de Dios. Con esta aptitud hemos despedido el año 2020. Pese a que este año fue difícil por la pandemia y por el conflicto social en nuestro país, pero fue también una oportunidad para reconciliarnos, crecer en la fe y valorar más a nuestra familia y al prójimo, valorar la vida, y ahora confiados en Dios con esperanza y fe, iniciamos a un nuevo año. Pidamos al Espíritu Santo la luz de discernir la voluntad de Dios en lo bueno y en lo malo como María.
Recemos con fe el SANTO ROSARIO. El Santo Padre nos pide orar en este mes de enero que el Señor nos dé la gracia de vivir en plena fraternidad con hermanos de otras religiones, rezando unos por otros, abriéndonos a todos. El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias y les acompañe hoy y siempre.
Mons. Adolfo Bittschi
Obispo Auxiliar de Sucre
Obispo Resp. de Misiones CEB

