LO MÁS IMPORTANTE DE LA LEY SON LA JUSTICIA, LA MISERICORDIA Y LA FE
27 de agosto 2024, martes de la semana litúrgica 21, proclamamos el Evangelio según San Mateo 23, 23 – 26. Gloria a ti, Señor. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
LO MÁS IMPORTANTE DE LA LEY SON LA JUSTICIA, LA MISERICORDIA Y LA FE
Queridos hermanos en Cristo:
El Evangelio de hoy continúa la amonestación y la crítica de Jesús a los fariseos y maestros de la Ley con dos nuevas acusaciones. La primera es la que el Señor denuncia la inversión de los valores. Ellos pagan los impuestos de cosas mínimas, como las hierbas, y lo ponen encima de lo más importante de la Ley, que son la justicia, la misericordia y la fe. Es la eterna tentación de preocuparse por lo secundario ante aquello que constituye lo fundamental de nuestra vida cristiana.
Es también una crítica oportuna para nuestro tiempo donde la empaquetadura es más importante que el contenido; en una boda el vestido de la novia, la fiesta con bebidas caras y músicos traídos de lejos son más importantes que el amor. En un funeral el cajón es más importante que el difunto. También se puede aplicar a quienes pretenden eliminar de la economía la misericordia. Sólo una economía misericordiosa podrá salvar al mundo del hambre y de la miseria.
La segunda crítica se refiere a las prácticas de pureza legal. Los fariseos y letrados limpiaban lo externo, cuando el interior seguía descuidado y podrido. Por eso hablaba Jesús de sepulcros blanqueados: por fuera impecable y por dentro, descompuesto y muerto. Estas acusaciones nos interpelan también fuertemente en la Iglesia. Cuántas veces nos preocupamos por lo externo, que no está mal en sí, pero si queda en las apariencias y por lo que me dirán, lo secundario se convierte en lo principal, y se descuida el compromiso cristiano de convertirnos y cambiar el interior en nuestras vidas. “Si te acercas al altar y tienes algo contra tu hermano, deja la ofrenda y ve a reconciliarte con tu hermano” son palabras de Jesús en el Sermón de la Montaña (Mateo 5,23-24).
Hoy conmemoramos a SANTA MÓNICA, la madre de San Agustín. Nació de una familia cristiana en el año 331, en Tagaste, África del Norte, en aquella época provincia Numidia del Imperio Romano. Muy joven, fue dada en matrimonio a un hombre pagano llamado Patricio, con quien tuvo varios hijos, pero la hizo sufrir mucho con sus infidelidades matrimoniales y un trato áspero. Al fin, con su paciencia y sus oraciones, Mónica consiguió su conversión. Uno de sus hijos era Agustín, cuya conversión en hombre santo también le costó muchas lágrimas y sacrificios. Santa Mónica fue un modelo de esposa y madre; alimentó su fe con la oración y la participación en la comunidad, y la embelleció con sus virtudes. Fue al Cielo en Ostia, el puerto de Roma, en el año 387.
Meditemos los misterios de nuestra fe, que nos hacen conocer los Apóstoles, en el Santo Rosario pidiendo en la intención del Papa para que los líderes políticos estén al servicio de su pueblo, trabajando por el desarrollo humano integral y el bien común.
Oremos por nuestra conversión, la de todos los pecadores y de Rusia como pidió la Virgen en Fátima; oremos por la paz en Ucrania, en Tierra Santa, Siria, Venezuela, Nicaragua, Cuba y donde hay conflictos sangrientos; que acaben todas las enfermedades corporales y espirituales, y todo mal.
El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición de Dios, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias.
Mons. Adolfo Bittschi
Obispo Auxiliar de Sucre
Director Nacional de OMP Bolivia

